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| <<-- Indice Relatos Gay | Verano junto al lago | |||||||||
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Como todos los años yo esperaba ansioso que llegara el verano para poder salir con mis amigos de paseo, siempre escogíamos un lugar para acampar toda una semana, de lunes a domingo, ya fuera la playa o en la montaña junto a un río o un lago. Ya se había vuelto una costumbre de los tres. Manolo era rubio, 19 años, de buen cuerpo, aunque un poco bajito, lampiño, con un hermoso culo muy bien formado, sus piernas eran musculosas ya que le encantaba el ciclismo, y en ellas se notaba el tiempo que dedicaba a ese deporte. Su rostro era como de niño, muy agradable. Era quizá el más chistoso del grupo, siempre tenía algo gracioso que decir. Jeremias era moreno, más bien su piel era como color miel, 20 años, su estatura era igual que la mía un metro y setenta dos centímetros, se rapaba completamente el cabello y se dejaba un hermoso candado en el rostro, eso lo hacía ver muy varonil y atractivo, su cuerpo era muy lindo, moldeado por las horas que dedicaba a la natación en sus tiempos libres. Su personalidad era muy atrayente, lo considerábamos el intelectual del grupo. Y luego estaba yo, Alex, blanco, con vellos en todo el cuerpo, cabello negro, corto; el mayor de todos con 23 años, atractivo según algunos comentarios de las chicas. Algo callado, pero siempre amigable. Los tres nos conocíamos desde hace algunos años, ya que asistíamos al mismo colegio y éramos vecinos. Compartíamos muchas cosas, lo que ninguno sospechaba era que compartíamos inclusive la misma atracción por los chicos. Ese verano, decidimos ir a acampar al lado de un pequeño lago en la montaña, en las faldas de un volcán, era un lugar cálido en las mañanas, pero en las noches bastante frío. Preparamos todo y ese lunes partimos en el auto del padre de Jeremias que nos lo prestó para la ocasión. En el camino recogeríamos al primo de Manolo, un joven de su misma edad. Llevábamos una hora de estar conduciendo cuando Manolo hizo señales a Jeremias de que se detuviera, ahí estaba su primo en un parada de autobús; desde que lo vi me atrajo fuertemente, su nombre era Andrés, de cabello claro y rizado, le llegaba a los hombros, una sonrisa que encantaba a cualquiera, lucía una camiseta de tirantes que mostraba sus fuertes brazos y un vaqueros ajustado que no dejaba nada a la imaginación, un gran paquete y un culo muy parecido al de su primo. Andrés se montó en el auto y se sentó al lado mío, en cuestión de minutos ya todos éramos como viejos conocidos, y disfrutábamos grandemente del viaje. A eso de las 4 de la tarde llegamos a un hermoso lugar, muy solitario, solamente estábamos nosotros, a unos metros del lago había un plano para poder acampar, y fue ahí donde acomodamos nuestras cosas, armamos la tienda, y preparamos una fogata para calentarnos en la noche y para poder cocinar, en realidad ya éramos expertos en eso. Aprovechamos que aún no había anochecido para poder refrescarnos un rato en el lago, todos nos quitamos nuestras camisetas y los vaqueros que andábamos, y nos metimos al lago solamente con nuestra ropa interior, a pesar de que éramos tan amigos, nunca nos habíamos visto completamente desnudos el uno al otro, lo más en ropa interior, mucho menos a Andrés que hasta ahora lo veníamos conociendo. Ese verano, yo me sentía diferente, el motivo era que a mediados de año, había tenido mi primera experiencia homosexual con un amigo de mi papá, nos habíamos besado y tocado, y él me había dado una gran mamada hasta regarme en su boca. Desde ese día veía a los hombres de forma diferente, con morbo, con un apetito sexual que iba creciendo día a día. Fue así como ahora veía a mis amigos con una atracción más fuerte, Manolo lucía un calzoncillo blanco al estilo Calvin Klein, y con el agua se podía ver como su verga se traslucía delineando perfectamente toda su forma. Jeremias era el más atractivo con su bóxer ajustado de color celeste y su pene hacia arriba dejando ver el contorno de sus grandes huevos y su culo apretadito. Y ni que decir de Andrés, él llevaba puesto un bóxer negro, también ajustado al cuerpo, su paquete era de muy buen tamaño, y por ratos me parecía que sufría de una leve erección. El paisaje y los cuerpos eran demasiado excitantes, tanto que yo estaba completamente erecto, eso me impedía salir del agua para que los demás no se dieran cuenta de lo que me estaba ocurriendo. Manolo comenzó a jugar luchas en el agua, agarrándonos y lanzándonos al agua, el roce de los cuerpos era demasiado para mí, Jeremias y Manolo se enfrascaron en una juguetona lucha, entonces Andrés me tomó a mí por la espalda y pude sentir como su verga estaba completamente dura mientras me rozaba las nalgas; dentro del forcejeo el tocó, no sé si en forma accidental o voluntaria, mi pene, cuando sintió que yo estaba totalmente erecto, me miró a los ojos y sonrió. Fue entonces cuando yo le seguí el juego y en ese forcejeo pude tocarlo discretamente en varias ocasiones, algo que parecía no le incomodaba. Ya agotados salimos del agua, nos cambiamos cada uno respetando el espacio y la privacidad del otro, preparamos la cena y nos sentamos alrededor de la fogata. Era una noche muy fría, tal parecía que el calor de la fogata no era suficiente para calentarnos, y nos acercamos el uno al otro para ahuyentar el frío. Esa noche conversamos de chicas y sexo (algo habitual en esos paseos), ahí nos poníamos al día con las conquistas alcanzadas durante el año. Luego nos fuimos a dormir, todos en la misma tienda que era lo suficientemente grande para hospedar a los cuatro. Jeremias se acostó al lado de Manolo, y Andrés quedaba entre su primo y yo. Era tal el frío que era necesario abrazarnos, y sin ninguna malicia cada quien abrazaba al que estaba a su lado. Unas horas después desperté, ya que no podía dormir, primero por el frío y segundo por las inmensas ganas que tenía de masturbarme, pensé en salir y liberar mis deseos, pero tenía demasiado frío; en eso Andrés se dio vuelta quedando boca arriba a mi lado, Manolo abrazaba a Jeremias, dándonos ambos la espalda a nosotros. Recordé los roces que le hacía en el agua a Andrés cuando tocaba discretamente su picha, eso me excitaba en gran manera, es más, ya estaba mojado de solo pensarlo, como una reacción de momento puse mi mano en el estómago de Andrés, él no se movió, pensé que estaba bien dormido, llevaba puesto un buzo deportivo flojo de algodón, poco a poco fui bajando mi mano, y llegué a su paquete, que sensación más deliciosa, apretaba suavemente su verga que estaba flácida, de pronto sentí como a medida que lo tocaba se iba poniendo dura, cada vez más dura. Me dejé llevar por el momento, no pensé en nada más que aprovechar la ocasión, metí mi mano dentro de su buzo, no tenía ropa interior, y agarré su gran picha, gruesa y húmeda, estaba completamente mojado, la sobaba con suavidad y firmeza, Andrés dejó salir un leve gemido, lo estaba disfrutando. Bajé un poco su ropa y saqué su verga, medio me incorporé para sentarme y comencé a lamer su gran riel, lo introduje por completo en mi boca, me olvidé de todo a mi alrededor. De pronto Andrés comenzó a acariciarme la espalda, eso me dio más libertad de continuar, se la sobé y mamé como nunca antes lo había hecho a nadie, y de repente su dura picha expulsó grandes chorros de semen en mi cara, ¡que delicia! ¡Que sensación más agradable! tomé mi verga y empecé a masturbarme, cuando sentí la mano de Andrés tomar mi picha con sus manos, para terminar el trabajo, fueron cuatro o cinco fricciones nada más y estallé pringando de leche todo a mi alrededor, pude ver como Andrés llevó sus dedos a la boca y lamió el semen que había caído en sus manos. No dijimos nada, él me abrazó y así nos despertamos al amanecer. La noche del martes ocurrió exactamente lo mismo, fue hasta el atardecer del miércoles que decidí hablar con Andrés, le pregunté que qué pensaba de lo que había pasado las dos últimas noches entre ambos, él sonrió y dijo: “que es rico, y lo he disfrutado”; yo le dije que también lo había disfrutado, que si no le molestaba lo repetiría cada vez que él quisiera, se acercó a mi oído para decirme un secreto, lo que me dijo me dejó perplejo; él susurró: “la próxima vez invitamos a Manolo, él ya ha hecho lo mismo y más conmigo”. No respondí… esas palabras provocaron los más desenfrenados y lujuriosos pensamientos en mi mente. Una vez más llegó la noche, esta vez era algo caliente, por lo tanto los cuatro dormimos sin camisa solamente con nuestra ropa interior, eso era perfecto para mí, porque casi no dormía contemplando lo que la poca luz me deja ver. Inicié nuevamente mi rutina de los dos días anteriores acaricié el pecho de Andrés, pellizqué sus tetillas luego bajé a su verga que ya para ese momento estaba completamente dura, bajé su ropa interior para dejar al descubierto su delicioso riel, y sorpresivamente, la mano de Manolo tomó la verga de Andrés, yo me quedé inmóvil, no sabía que hacer; cuando escuché a Andrés decir: “tranquilo, yo invité a mi primo a la fiesta”. Jeremias se encontraba dormido, mientras nosotros tres nos acariciábamos procurando no hacer ruido para no despertarlo, pero era imposible, el deseo era demasiado, yo comencé a mamar la verga de Manolo (¡cuánto lo había deseado!), a la vez que este tenía en su boca la de Andrés, quien sobaba y buscaba con sus labios la mía. Y lo inevitable ocurrió, Jeremias se despertó, sorprendido, preguntó que estaba pasando, se puso inmediatamente de pie como para salir, Andrés bromeó un poco, pero era imposible ocultar en esa clara noche tres cuerpos desnudos con sus respectivas vergas totalmente erectas; Manolo dijo: “Jere, puedes hacer dos cosas: o te unes al grupo y disfrutas, o sales de la tienda e ignoras lo que está pasando”. Jeremias se quedó pensativo, como inseguro de lo que debía de hacer, fue en ese momento cuando el osado de Andrés se acercó a él, he hizo algo que nunca me hubiera animado a hacer yo, comenzó a bajar el bóxer de Jeremias, este estaba quieto como petrificado, dejándolo completamente desnudo como todos, y con movimientos lentos casi calculados, comenzó a mamar la flácida verga de Jeremias. Jere cerró sus ojos, y pronto su verga tomó un tamaño superior a la de cualquiera de nosotros, era grande y en gran manera tentadora, Manolo y yo nos acercamos para darle la bienvenida a nuestra improvisada orgía, y turnándonos los tres mamábamos su dura y gran picha, acariciando todo su escultural cuerpo. Cuando ya tomamos más confianza, él mismo Jeremias mamaba la verga de todos nosotros y los cuatro disfrutábamos el momento. De pronto vi a Manolo besando a Andrés en la boca, era la primera vez que ocurría algo así en el grupo, Jeremias me volvió a ver, y de pronto, su boca se unió a la mía, ¡ahhh! Que beso más delicioso, ya para ese momento todo se permitía, caricias, besos, mamadas, sobos. En algunas ocasiones, las cuatro lenguas se unían en un beso improvisado. Estaba yo a cuatro patas mamando la verga de Jeremias, cuando de pronto sentí que alguien se puso detrás de mí y comenzó a chupar mi culo, era Andrés, todo un maestro en el arte de mamar, su lengua jugaba en el ojo de mi culo la metía y sacaba, dándome increíbles momentos de placer, con mis manos le di vuelta a Jere para que se pusiera igual, a cuatro patas, y así comencé yo también a chupar su delicioso culito, lleno de pelitos que me excitaban increíblemente, en el silencio de la noche se podían oír los diferentes gemidos de placer de los cuatro encerrados en esa tienda. En algún momento los dos primos se pusieron de acuerdo (tenían más experiencia), y nos propusieron penetrarnos, ¡claro! Después de la mamada de culo, Jere y yo estábamos dispuestos a todo. Andrés se colocó detrás de mí, yo estaba cara a cara con Jeremias ambos a cuatro patas, y Manolo se colocó detrás de Jere. Se embarraron las pichas con crema, y metían sus dedos en nuestros culos, Jeremias y yo nos besábamos apasionadamente, las lenguas se cruzaban en nuestras bocas, el sentir los dedos de ellos dentro nuestro causaba un gran placer, mi picha estaba que ya no daba más, y por ratos podía tocar la de Jere, que también estaba por reventar, su líquido pre seminal mojaba por completo la cabeza de su verga. Andrés empujó fuerte tras de mí… pude sentir como la cabeza de su picha me penetraba, ¡ahhhh! Que dolor más extraño, lleno de placer; abrí mis ojos al escuchar un gemido fuerte de Jeremias vi como arrugaba su rostro… ¡claro! Ya Manolo había abierto con su picha su virginal culito. Lo besé, y sobé la cabeza de su gran riel, para que olvidara el dolor y disfrutara tanto como yo lo estaba haciendo en ese momento. Mientras tanto, los dos primos metían y sacaban sus vergas de nuestros culos. Ya para ese momento, el desenfreno era total, el placer absoluto y el disfrute de los cuatro no tenía límites. Jeremias fue el primero en regarse, mientras Manolo le daba fuertes penetraciones él se puso de rodillas reincorporando su cuerpo, teniendo clavado por detrás el mástil de su amigo, gimió con gran fuerza mientras sobaba su verga, y gran cantidad de leche salió de él, parecía que nunca terminaría nunca había visto tanta leche salir de una picha; el espectáculo fue tan impactante que hice lo mismo, eyaculando grandes cantidades de leche también. Manolo sacó su pene del culo de Jeremias y masturbándose se regó sobre la espalda y culo de este, que se encontraba exhausto boca abajo. Andrés me preguntó que como quería que se viniera él, yo le dije que se regara sobre mi pecho, en mi cara; muy complaciente, sacó su dura picha de mi ano, yo me puse boca arriba, él acercó su riel y se la sobó de tal manera que su leche cayó en grandes cantidades sobre mi boca, cara, y pecho, sentir su tibia leche sobre mí ha sido uno de los momentos más placenteros que he disfrutado en mi vida. Los cuatro caímos rendidos, sudorosos, embarrados del semen de todos y así amanecimos desnudos abrazados unos a otros; el resto del paseo ya podrán imaginar como la pasamos de bien, repetimos una y otra vez lo vivido, Jeremias y yo penetramos a los primos en diferentes ocasiones, en realidad todos probamos con todos. Una semana después, yo formalicé mi relación con Andrés, ahora somos pareja desde hace 3 años, a Jeremias le costó un poco más aceptar su condición de “gay”, pero la paciencia y el amor de Manolo fueron suficientes y ahora tienen dos años de estar juntos. Desde aquella fecha nos reunimos una vez al año, para recordar y revivir aquel verano cerca del lago. |
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