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Hola a todos. Bueno, me presento, mi nombre es Ángel, y tengo 28 años. Soy de orientación heterosexual, aunque, como espero que leáis, no se si puedo decir que del todo hetero. La verdad es que no soy mucha cosa, lo digo porque soy pequeñito, pero bueno, a los ojos de ellas no dejo de tener un "no se que". Y con las mujeres nunca me ha ido nada mal, pero desde hacia un tiempo tenía una fantasía rondándome la cabeza, que no era otra que tener una experiencia homosexual. La verdad es que no sabía ni por donde empezar, ni que hacer, ni que decir, así que empecé buscando en los chats. Allí conocí infinidad de personas, pero con ninguna llegué a congeniar lo suficiente como para hacer realidad mi fantasía. Cuando ya pensaba que mis únicas experiencias homosexuales iban a ser las de mi imaginación, conocí a una persona con la que de verdad me sentía cómodo. Bueno, conocer lo que se dice conocer, no, claro, solo chateábamos, pero bueno, me daba una confianza que nunca antes me habían dado. Intercambiamos fotos de todo el cuerpo, y la verdad es que el tío estaba como un queso: alto, moreno, guapo, ojos marrones, anchas espaldas de nadador, brazos fuertes, buen culo …. Total, que como había buen entendimiento entre ambos le conté mi fantasía, también que nunca había tenía ninguna experiencia con ningún hombre, pero que estaba deseando ver que me había perdido durante mis años de heterosexualidad. Lógicamente él se prestó gustoso a ayudarme en lo que fuera necesario. Así que un día quedamos para tomar unas cañas y conocernos en persona, y decirnos cara a cara todo lo que nos habíamos contado en el Chat. La verdad es que si sus fotos me habían encantado, al verlo por primera vez quede cautivado de sus encantos. Además de todos sus atributos físicos, era una persona simpática, dinámica, divertida. Pasamos una tarde estupenda, entre cañas y risas, hablando de todo un poco, hasta que la conversación fue subiendo de tono, y me dijo: "¿quieres hacer realidad todas tus fantasías?". En ese momento me asusté. Nunca lo había hecho, y me dio miedo, así que dije que no. Cogí las llaves de mi coche, y me fui para mi casa. Pero sin apenas llevar recorridos 2 km. me di cuenta de mi error. Lo llamé al móvil, di la vuelta y volví completamente decidido a realizar todo lo que me rondaba en la cabeza. Él ya me estaba esperando en la puerta de un hotel, no quería perder ni un momento. Cuando llegué hasta él, me dio un beso en la boca. Era la primera vez que lo hacia un tío, y mi sorpresa fue no solo no sentir nada extraño, como había supuesto que pasaría, sino todo lo contrario, disfrutar de él como si fuese el primero, beber de sus labios y sentir como se deshacía mi cuerpo, y darme cuenta de que me tenía rendido, y que podría hacer conmigo todo lo que quisiese. Al llegar a la habitación volvió a besarme. Él ya sabía que me deshacía cada vez que lo hacía y lo aprovechaba para meterme mano. Tocaba mi culo mientras recorría mi cuello con sus labios. Me estaba encendiendo, notaba como mi miembro estaba mas duro que las piedras, y lo mas excitante de todo, notaba como el suyo también lo estaba. En ese estado de embriaguez dí rienda suelta a mis impulsos, estaba como loco por disfrutar de ese cuerpo masculino, y a que él disfrutara de mí, de mi primera vez. Seguimos besándonos y metiéndonos mano, él con más habilidad que yo, pero ambos igual de excitantes. Me llevó a la cama, me tumbó sobre ella y me quitó la camiseta. Empezó a recorrer mi cuerpo con sus manos y con su lengua, jugaba con mis pezones, y en mi ombligo, y siguió bajando. Desabrochó los botones de mi bragueta uno a uno, mientras tocaba mi pecho, al instante, ante sus ojos quedó mi polla, deseando salirse de los calzoncillos, babeante, deseando ser acariciada. Sus manos expertas retiraron mis gayumbos a la vez que me rozaba los huevos y el culo, haciéndome sentir cosas que nunca había sentido. En ese momento su lengua empezó a recorrer mi durísimo miembro, recorrió con su lengua mi capullo, usando las gotitas de la punta para lubricarla entera. Recorrió con su lengua todo mi miembro hasta llegar a los huevos, los cuales chupó con maestría. Me estaba muriendo del gusto, mi cuerpo no quería que aquello terminase nunca, pero él supo cuando parar, cuando mi calentón estaba en el punto más alto, para lograr lo que quería, que ahora yo le hiciera lo mismo a él. No lo dudé un instante y mis manos arrancaron su camiseta de un tirón. Jugueteé un rato con su pecho depilado, y con su ombligo, pero mis manos estaban deseando llegar a ese bulto de la entrepierna, si a través del pantalón parecía enorme, cuando lo liberé no daba crédito a lo que veía. El tío no solo estaba buenísimo, sino que además tenía una polla descomunal, al menos 21 cm. de largo y 4,5 cm. de grosor. Al principio no sabía que hacer con ella, pero mis manos empezaron a tocarla, y en seguida mi lengua empezó a recorrerla de arriba abajo. Mi lengua la recorría con avidez, primero jugando con el glande, y luego bajando hasta sus huevos. Sus primeros gemidos me hicieron comprender que aunque fuese la primera vez, no lo estaba haciendo mal. Después de tenerla bien ensalivada abrí mi boca, y la introduje suavemente en ella, mientras seguía jugando con mi lengua. Joder, me llenó la boca entera¡ Sentir su mano en mi cabeza mientras subía y bajaba por aquella superpolla me había puesto a mil. Mi cuerpo pedía más. Él pareció notarlo, y empezó a recorrer mi cuerpo con sus manos, pero para mi sorpresa no se dirigió a mi polla, sino que empezó a masajear mi culo. Lejos de disgustarme, mi excitación fue creciendo con sus caricias, sentir como sus manos rozaban mi cuerpo, mientras yo tenía su pollon en mi boca me hacía gemir de placer. En ese momento, retiró su polla de mi boca, me hizo poner a cuatro patas, con mi culo bien a su alcance, y empezó a chuparlo. AHhhhhh ¡ que rico, que bien lo hacía. Sabía que iba a necesitar dilatarlo bien para que su verga entrara en mi culito virgen. Su lengua estaba haciendo verdaderos estragos en mi ano. Lo dilataba con suma facilidad, su primer dedo ni lo sentí, el segundo me hizo darme cuenta del placer que me iba a proporcionar al introducirme su pene, y el tercero me hizo gemir de placer, y pedirle que me penetrara ya. Sentí como su polla rozaba mis piernas y como apoyaba su glande contra mi culito dilatado. Me la empezó a meter lentamente, ya que quería disfrutar de mi culo virgen, poco a poco notaba como aquel pollón se introducía en mi culo, provocándome dolor y placer al mismo tiempo cuando me la metió entera noté sus huevos rozando mis piernas, y en ese momento cesó el dolor, y me entregué plenamente al placer. Sentir aquel miembro entrando y saliendo de mi culo, oír mis gemidos de placer acompasados con los suyos, sentir como sus expertas manos me pajeaban, mientras que no paraba de meter y sacar de mi cuerpo. Con un grito bestial me corrí como si nunca lo hubiera hecho. La verdad es que nunca me lo habían hecho así, pero el placer que me hizo sentir tampoco lo había disfrutado nunca. Él aumentó su ritmo, haciéndome disfrutar todavía más, y también con un sonoro grito descargó todo su semen por mi espalda y por mi culo, sentir aquella leche caliente recorriendo mi cuerpo era lo último que me faltaba por sentir, y que me dejara limpiarle la polla con la lengua fue el postre a mi primera noche de sexo homosexual, una experiencia que no olvidaré nunca. |
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